martes, 29 de marzo de 2016

La Educacion es la mejor herramienta para el desarrollo

La educación de los mejores países de PISA

Noelia García | 25/02/2016 - 18:16
medalla.jpg
Pisa, el informe de referencia del mundo educativo, diseñado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha evolucionado. Ha pasado de ser una herramienta para diagnosticar debilidades y fortalezas de los sistemas educativos nacionales a convertirse en una liga de países.

A continuación, un repaso por los 10 mejores:

Finlandia

La clave de la educación en Finlandia está en el alto nivel de formación del profesorado, con una selección previa más exigente que en otros países. La profesión atrae a tanta gente porque ser maestro es un honor
Enseñanza gratuita con los docentes más preparados

Japón

Japón tiene uno de los sistemas de alto rendimiento en Pisa. Tiene una media de 540 puntos en lectura, matemáticas y ciencias, una calificación más alta que la media de la OCDE de 497. Los alumnos japoneses tienen una fuerte tradición de aprendizaje memorístico y una disciplina estricta que ha impulsado al país a la cima de los rankings internacionales de educación internacionales, en particular en las matemáticas y las ciencias.
Inversión tecnológica y disciplina marcan la educación en Japón

Corea del Sur

Corea del Sur ha revelado que el 93% de los estudiantes de secundaria se gradúan a tiempo. No existe deserción escolar. En menos de 40 años, Corea del Sur se ha convertido en una potencia económica mundial donde el peso recae en su capital humano. El país destaca por tener una alta proporción de alumnos en franjas de excelencia académica en el informe PISA, de hecho, en 2014, fue el país con mejores resultados. Los estudiantes de 15 años obtuvieron una de media de 554 puntos, 60 puntos por encima de la media de la OCDE, dos cursos de ventaja respecto a España.
Corea del Sur se consolida como el país donde no existe fracaso escolar

Singapur

En 2012, Singapur obtuvo las calificaciones más altas en el Informe Pisa: en Matemáticas obtuvo 79 puntos por encima del promedio internacional y en lectura anotó 46 puntos.
Mérito y bilingüismo, las claves del éxito educativo de Singapur

Estonia

El país se sitúa entre los mejores de Pisa por su penetración de las TIC en el aula, ratios reducidos y bilingüismo. A partir de los siete años, los niños ya aprenden a programar ordenadores para sentar las bases de la curiosidad científica
La tecnología es el emblema del sistema educativo en Estonia

China- Shanghai

Los países asiáticos superan al resto del mundo en el último estudio PISA elaborado por la OCDE. La ciudad que lidera dicho informe es Shanghai (China). Los niveles de excelencia de sus alumnos doblan los de la media de países analizados en este informe, de hecho, los estudiantes han registrado una puntuación equivalente a casi tres años de escolarización.
Las 13 horas diarias de estudio, la clave del éxito educativo chino

Holanda

Aunque los alumnos holandeses salen bien parados en el Informe Pisa (cuarto puesto en Matemáticas, noveno en Comprensión de la escritura y el octavo en Cultura científica), los Países Bajos son muy conscientes de la importancia de seguir invirtiendo en aumentar la calidad de la enseñanza.
El 'modelo Steve Jobs' holandés sustituye los libros por los iPads

Suiza

En Suiza, que es un Estado federal, la educación es competencia de los cantones, gratuita y obligatoria, por ello, dependiendo del cantón, las escuelas enseñan en alemán, francés o italiano, más inglés obligatorio. Los cantones tienen mucha autonomía, eligen desde la estructura de su sistema educativo hasta las fechas vacacionales.
El éxito de la FP convence al 66% de los jóvenes suizos

Canadá

La formación canadienese está por encima de la media de la OCDE en lectura. Uno de los elementos clave que hay que resaltar es que Canadá cuenta con uno de los índices de graduados universitarios más altos del mundo, es el único país del mundo en el que uno de cada dos ciudadanos es licenciado. Y ha conseguido este liderazgo invirtiendo menos que otros países de la OCDE, un 6,1% del PIB, frente al 6,3% de la media.
El éxito de Canadá: la mitad de la población tiene estudios superiores

Taiwan

La educación en Taiwan representa la base del desarrollo del país. Los ciudadanos de la República de China (Taiwán) sienten una gran admiración por los mayores y mantienen las tradiciones aprendidas desde pequeños en las escuelas. Los alumnos cultivan la moralidad como primer elemento sumado a las costumbres y la tradición.
Memorización, deporte y nacionalismo: claves del éxito educativo de Taiwán

domingo, 14 de febrero de 2016

Inteligencia artificial y el fin de la economía de mercado

¿Como sera la sociedas de fin de siglo? ¿Sera una sociedad sin mercados, sin trabajo, sin economía? ¿Estaran nuestros nietos en la sociedad de la abundancia? ¿La tecnología habra resuelto los problemas que la economía fracaso en solucionar?
Necesitamos sabiduría para enfrentar el futuro. Para saber si los progresos tecnológicos de vanguardia van en la dirección adecuada o no; si favorecen al ser humano o todo lo contrario. Para tener una idea de qué hacer si se presentan escenarios que ponen en riesgo la supervivencia de la especie, como los derivados de la amenaza nuclear, la modificación de microbios letales o la creación de mentes digitales más inteligentes que el hombre. A reflexionar sobre este tipo de cuestiones se dedican un puñado de cerebros en un lugar ubicado en Oxford y llamado el Instituto para el Futuro de la Humanidad.
Al frente de un heterodoxo grupo de filósofos, tecnólogos, físicos, economistas y matemáticos se encuentra un filósofo formado en física, neurociencia computacional y matemáticas, un tipo que desde su adolescencia se encontró sin interlocutores con los cuales compartir sus inquietudes acerca de Schopenhauer, un sueco de 42 años que se pasea por las instalaciones del Instituto con un brebaje hecho a base de vegetales, proteínas y grasas al que denomina elixir y que escucha audiolibros al doble de velocidad para no perder un segundo de su preciado tiempo. Se llama Nick Bostrom, y es el autor deSuperinteligencia: Caminos, Peligros, Estrategias, un libro que ha causado impacto, una reflexión acerca de cómo afrontar un futuro en que la inteligencia artificial supere a la humana, un ensayo que ha recibido el respaldo explícito de cerebros de Silicon Valley como Bill Gates y Elon Musk, de filósofos como Derek Parfit o Peter Singer, de físicos como Max Tegmark, profesor del Massachusetts Institute of Technology. Un trabajo que, además, se coló en la lista de los libros más vendidos que elabora The New York Times Book Review. La ONU le reclama para que exponga su visión, sociedades científicas como The Royal Society le invitan a dar conferencias, una de sus charlas TED lleva ya contabilizados más de 1.747.000 visionados. Y Stephen Hawking ya ha alertado al mundo: hay que tener cuidado con la Inteligencia Artificial.
El Instituto para el Futuro de la Humanidad —FHI, siglas en inglés— es un espacio con salas de reuniones bautizadas con nombres de héroes anónimos que con un gesto salvaron el mundo —como Stanislav Petrov, teniente coronel ruso que evitó un incidente nuclear durante la Guerra Fría— donde fluyen las ideas, los intercambios de impresiones, donde florecen hipótesis y análisis. Sobre todo, por las tardes-noches: el jefe es, como él mismo confiesa, un noctámbulo; se queda en la oficina hasta las dos de la madrugada.
“En el momento en que sepamos cómo hacer máquinas inteligentes, las haremos”, afirma Bostrom, en una sala del Instituto que dirige, “y para entonces, debemos saber cómo controlarlas. Si tienes un agente artificial con objetivos distintos de los tuyos, cuando se vuelve lo suficientemente inteligente, es capaz de anticipar tus acciones y de hacer planes teniendo en cuenta los tuyos, lo cual podría incluir esconder sus propias capacidades de modo estratégico”. Expertos en Inteligencia Artificial que cita en su libro aseguran que hay un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos. En la transición hacia esa nueva era habrá que tomar decisiones. Inocular valores morales a las máquinas, tal vez. Evitar que se vuelvan contra nosotros.
A analizar este tipo de supuestos y escenarios se dedica este hombre que en estos días lee intensivamente sobre machine learning (aprendizaje automático, rama de la inteligencia artificial que explora técnicas para que las computadoras puedan aprender por sí solas) y economía de la innovación. Para Bostrom el tiempo nunca es suficiente. Leer, leer, leer, asentar conocimientos, profundizar, escribir. “El tiempo es precioso. Es un bien de gran valor que constantemente se nos desliza entre los dedos”.


La gente parece olvidar la guerra nuclear. Un cambio para mal en la geopolítica podría ser un peligro

Estudiar, formular hipótesis, desarrollarlas, anticipar escenarios. Es lo que se hace en este Instituto donde se cultiva la tormenta de ideas y la videoconferencia, un laberinto de salas dominadas por pizarras vileda con diagramas y en cuyo pasillo de entrada cuelga un cartel que reproduce la portada de Un mundo feliz, la visionaria distopía firmada por Aldous Huxley en 1932. Un total de 16 profesionales trabajan aquí. Publican en revistas académicas, hacen informes de riesgos para compañías tecnológicas, para gobiernos (por ejemplo, el finlandés) o para la ONU, que se dispone a crear su primer programa sobre Inteligencia Artificial —uno de cuyos representantes andaba la semana pasada por las oficinas del FHI—. Niel Bowerman, director adjunto, físico del clima y exasesor del equipo político de Energía y Medio Ambiente de Barack Obama, explica que en el instituto siempre estudian cómo de grande es un problema, cuánta gente trabaja en él y cómo de fácil es realizar progresos en esa área para determinar los campos de estudio.
Bostrom es el hombre que comanda el Instituto, el que decide por dónde se transita, el visionario. Desarrolla su labor gracias al impulso filantrópico de James Martin, millonario interesado en las cuestiones de los riesgos existenciales del futuro que impulsó el FHI hace diez años para que se estudie y reflexione en torno a aquellas cosas en las que la industria y los gobiernos, guiados por sus particulares intereses, no tienen por qué pensar.
Al filósofo sueco, que formó parte en 2009 de la lista de los 100 mayores pensadores globales de la revista Foreign Policy, le interesa estudiar, sobre todo, amenazas lejanas, a las que no le gusta poner fecha. “Cuanto más largo sea el plazo”, dice, "mayores son las posibilidades de un escenario de extinción o de era posthumana”. Pero existen peligros a corto plazo. Los que más le preocupan a Bostrom son los que pueden afectar negativamente a las personas como las plagas, la gripe aviar, los virus, las pandemias.
En cuanto a la Inteligencia Artificial y su cruce con la militar, dice que el riesgo más claro lo presentan los drones y las armas letales autónomas. Y recuerda que la guerra nuclear, aunque tiene pocas probabilidades de llegar, sigue siendo un peligro latente. “La gente parece haber dejado de preocuparse por ella; un cambio para mal en la situación geopolítica podría convertirse en un gran peligro”.


“Hay una carrera entre nuestro progreso tecnológico y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio

La biotecnología, y en particular, la posibilidad que ofrece el sistema de edición genética CRISPR de crear armas biológicas, también plantea nuevos desafíos. “La biotecnología está avanzando rápidamente va a permitir manipular la vida, modificar microbios con gran precisión y poder. Eso abre el paso a capacidades muy destructivas”. La tecnología nuclear, señala, se puede controlar. La biotecnología, la nanotecnología, lo que haga alguien un garaje con un equipo de segunda mano comprado en EBay, no tanto. Con poco se puede hacer mucho daño.
Superada su etapa transhumanista —fundó en 1998 junto a David Pearce la Asociación Mundial Transhumanista, colectivo que aboga de modo entusiasta por la expansión de las capacidades humanas mediante el uso de las tecnologías—, Bostrom ha encontrado en la Inteligencia Artificial el terreno perfecto para desarrollar su trabajo. La carrera en este campo se ha desatado, grandes empresas —Google compró en 2014 la tecnológica DeepMind— y Estados pugnan por hacerse con un sector que podría otorgar poderes inmensos, casi inimaginables.
Uno de los escenarios que proyecta en su libro, cuya versión en español publica el 25 de febrero la editorial Teell, es el de la toma de poder por parte de una Inteligencia Artificial (AI, siglas en inglés). Se produce una explosión de inteligencia. Las máquinas llegan a un punto en que superan a sus programadores, los humanos. Son capaces de mejorarse a sí mismas. De desarrollar grandes habilidades de programación, estratégicas, de manipulación social, de hacking. Pueden querer tomar el control del planeta. Los humanos pueden ser un estorbo para sus objetivos. Para tomar el control, esconden sus cartas. Podrán mostrarse inicialmente dóciles. En el momento en que desarrollan todos sus poderes, pueden lanzar un ataque contra la especie humana. Hackeardrones, armas. Liberar robots del tamaño de un mosquito elaborados en nanofactorías que producen gas nervioso, o gas mostaza.
Esta es simplemente la síntesis del desarrollo de un escenario. Pero, como decía la crítica de Superinteligencia de la revista The Economist, las implicaciones de la introducción de una segunda especie inteligente en la Tierra merecen que alguien piense en ellas. “Antes, muchas de estas cuestiones, no solo las del AI, solían estar en el campo de la ciencia ficción, de la especulación”, dice Bostrom, “para mucha gente era difícil de entender que se pudiera hacer trabajo académico con ello, que se podían hacer progresos intelectuales”.
El libro también plantea un escenario en que la Inteligencia Artificial se desarrolla en distintos sectores de manera paralela y genera una economía que produce inimaginables cotas de riqueza, descubrimientos tecnológicos asombrosos. Los robots, que no duermen, ni reclaman vacaciones, producen sin cesar y desbancan a los humanos en múltiples trabajos.
— ¿Los robots nos enriquecerán o nos reemplazarán?
— Primero, tal vez nos enriquezcan. A largo plazo ya se verá. El trabajo es costoso y no es algo deseado, por eso hay que pagar a la gente por hacerlo. Automatizarlo parece beneficioso. Eso crea dos retos: si la gente pierde sus salarios, ¿cómo se mantiene? Lo cual se convierte en una cuestión política, ¿se piensa en una garantía de renta básica? ¿En un Estado del Bienestar? Si esta tecnología realmente hace que el mundo se convierta en un lugar mucho más rico, con un crecimiento más rápido, el problema debería ser fácil de resolver, habría más dinero. El otro reto es que mucha gente ve su trabajo como algo necesario para tener estatus social y que su vida tenga sentido. Hoy en día, estar desempleado no es malo solo porque no tienes dinero, sino porque mucha gente se siente inútil. Se necesitaría cambiar la cultura para que no pensemos que trabajar por dinero es algo que te da valor. Es posible, hay ejemplos históricos: los aristócratas no trabajaban para vivir, incluso pensaban que tener que hacerlo era degradante. Creemos que las estructuras de significado social son universales, pero son recientes. La vida de los niños parece tener mucho sentido incluso si no hacen nada útil. Soy optimista: la cultura se puede cambiar.
A Bostrom se le ha acusado desde algunos sectores de la comunidad científica de tener visiones demasiado radicales. Sobre todo, en su etapa transhumanista. “Sus visiones sobre la edición genética o sobre la mejora del humano son controvertidas”, señala Miquel-Ángel Serra, biólogo que acaba de publicar junto a Albert Cortina Humanidad: desafío éticos de las tecnologías emergentes.“Somos muchos los escépticos con las propuestas que hace”. Serra, no obstante, deja claro que Bostrom está ahora en el centro del debate sobre el futuro de la Inteligencia Artificial, que es una referencia.
— ¿Proyecta usted una visión demasiado apocalíptica en su libro de lo que puede ocurrir con la humanidad?
— Mucha gente puede quedarse con la impresión de que soy más pesimista con la AI de lo que realmente soy. Cuando lo escribí parecía más urgente tratar de ver qué podía ir mal para asegurarnos de cómo evitarlo.
— Pero, ¿es usted optimista con respecto al futuro?
— Intento no ser pesimista ni optimista. Intento ajustar mis creencias a lo que apunta la evidencia; con nuestros conocimientos actuales, creo que el resultado final puede ser muy bueno o muy malo. Aunque tal vez podríamos desplazar la probabilidad hacia un buen final si trabajamos duramente en ello.
— O sea, que hay cosas que hacer. ¿Cuáles?
— Estamos haciendo todo lo posible para crear este campo de investigación de control problema. Hay que mantener y cultivar buenas relaciones con la industria y los desarrolladores de Inteligencia Artificial. Aparte, hay muchas cosas que no van bien en este mundo: gente que se muere de hambre, gente a la que le pica un mosquito y contrae la malaria, gente que decae por el envejecimiento, desigualdades, injusticias, pobreza, y muchas son evitables. En general, creo que hay una carrera entre nuestra habilidad para hacer cosas, para hacer progresar rápidamente nuestra capacidades tecnológicas, y nuestra sabiduría, que va mucho más despacio. Necesitamos un cierto nivel de sabiduría y de colaboración para el momento en que alcancemos determinados hitos tecnológicos, para sobrevivir a esas transiciones.

Alemania: a la conquista de Europa

Maravillas Delgado
En El Arte de la Guerra, Sun Tzu escribe que es mejor conquistar un estado intacto que destruirlo; que la excelencia no consiste en ganar todas las batallas, sino en derrotar al enemigo; y que el estratega astuto derrota al enemigo sin pelear. La conquista exitosa es un proceso sutil, paciente, y silencioso que envuelve al enemigo hasta que, cuando se da cuenta, ya es demasiado tarde.
En el campo de la política económica la conquista se manifiesta en el control de la comunicación, de los grupos de decisión y, sobre todo, del diseño de las reglas. Los grandes cambios legislativos suelen tener lugar tras una crisis, cuando los políticos, y los gobiernos, prometen que nunca más sucederá algo similar. La clave es la definición de “similar”, es decir, la narrativa de la crisis. El grupo que controla la narrativa controla el poder. La narrativa determina el futuro. Esto ocurre en todas partes. En EE UU, la narrativa del Partido Republicano tras la crisis del 2007, con dominio del congreso, se concentró en el peligro de la deuda pública, los errores de la Reserva Federal, y la necesidad de regular el sistema financiero. De ahí el secuestro fiscal (el proceso que derivó en el cierre del Gobierno, la amenaza del impago de la deuda, y una excesiva contracción fiscal); las iniciativas de auditar la Reserva Federal y obligarla a que use la “Regla de Taylor” (una fórmula que determina el tipo de interés en función del nivel de inflación y de desempleo); y la legislación Dodd-Frank que ha endurecido de manera significativa (exagerada según muchos expertos) la regulación financiera y recortado la capacidad de la Reserva Federal de gestionar crisis futuras.
En Europa, el diseño de las reglas como vehículo de ejercicio del poder es todavía mas intenso. Los ejemplos son múltiples, y van todos en la misma dirección: acomodar Europa a las necesidades alemanas. Alemania tiene una economía muy distinta de la de la zona euro, tanto cíclica como estructuralmente. Su economía languidecía recuperándose del impacto de la unificación mientras el resto de la zona euro gozaba del boom del euro, y por eso llego a la crisis del 2007 con menos desequilibrios que el resto. Un azar histórico que le permitió enfrentarse a la crisis con más margen de maniobra. Aun así, su sistema bancario tuvo que ser rescatado, y Alemania hoy es el país de la zona euro con mayor volumen de garantías públicas en el sistema bancario. Gracias a este decalage cíclico, y a unos tipos de interés bajísimos durante la crisis, Alemania goza ahora de un boom económico. Además, estructuralmente es una economía muy distinta al resto. Una alta tasa de ahorro, un enorme superávit por cuenta corriente, un sistema bancario dominado por los bancos públicos locales y regionales, una tasa bajísima de propiedad de vivienda.
Estas diferencias implican que lo que conviene a Alemania cada vez conviene menos a la zona euro. Múltiples decisiones adoptadas en los últimos años revelan esta divergencia. La decisión de no mutualizar la resolución del problema bancario, de introducir el riesgo de impago de la deuda soberana, de diseñar la expansión cuantitativa del BCE en base a la cuota de capital de cada país en el BCE y de no mutualizar las posibles pérdidas, de obligar a que los rescates bancarios que necesiten dinero público generen perdidas a los tenedores de bonos de los bancos. Todas ellas decisiones compatibles con la economía y la política alemana pero que han tenido consecuencias negativas en el resto de la zona euro.
El proceso continúa. Argumentando que los bonos soberanos son activos con riesgo, la unión europea, debate la imposición de requerimientos de capital a las tenencias de bonos soberanos de los bancos. Estos requerimientos serían proporcionales al riesgo de los bonos, lo cual generaría un pernicioso efecto procíclico en el sector financiero y aumentaría la probabilidad de retroalimentación de las crisis. Además, se quiere limitar las tenencias de bonos de cada país a un 25% del capital de cada banco, lo cual generaría ventas masivas de deuda pública. En ambos casos el impacto sería especialmente negativo para los países actualmente mas frágiles, perpetuando las diferencias. Una alternativa sería que todos los bonos tuvieran el mismo requerimiento de capital. Pero eso afectaría de manera negativa a los bonos alemanes y a la frágil banca alemana. Ya veremos cómo acaba.
Ninguna de las reglas adoptadas en los últimos años afectaban a la economía alemana —o se adoptaron una vez que Alemania había resuelto sus problemas (como la condición de aplicar pérdidas a los bonos bancarios en caso de ayudas públicas)—, o se le han otorgado excepciones (como no incluir su enorme sector bancario público en la supervisión europea). Alemania está conquistando Europa a base de reglas y de argumentos morales que, aunque puedan ser conceptualmente correctos, no lo son en la frágil situación actual. La crisis del sector bancario italiano es la víctima más reciente. La regla que obliga a aplicar pérdidas a bonos bancarios que se vendieron como si fueran depósitos seguros es políticamente explosiva, ha retrasado la gestión de los problemas de la banca italiana, y puede desencadenar una crisis financiera. La gestión de la crisis de los refugiados obedece al mismo patrón.
La amenaza de expulsar a Grecia de Schengen se basa en un informe técnico, pero tiene su origen en los tremendos problemas políticos que la crisis migratoria está generando en Alemania. El enfrentamiento del primer ministro italiano Renzi con la Unión Europea no es una casualidad. Es la rebelión a la estrategia envolvente de germanización de Europa, cuyo coste está empezando a ser excesivo. El excanciller alemán Helmut Schmidt, en dos discursos en 2011, ya alertó de la necesidad de contener este avance silencioso alemán. Pero la estrategia de Renzi de confrontación ruidosa y unilateral no es adecuada. Hay que generar un debate con argumentos intelectuales sólidos, no con lamentos electoralistas o populistas.
Ante el moralismo del ordoliberalismo alemán hay que defender las virtudes de una política keynesiana de apoyo al crecimiento potencial, necesaria en un momento de insuficiencia de demanda, entroncada en una política fiscal común que convierta a la zona euro en una verdadera unión monetaria. Las reformas son necesarias pero no suficientes. La política monetaria ha sido muy efectiva, pero no es suficiente. Hay que re-equilibrar la estrategia actual europea de reducción de riesgo y defaults. La disciplina debe venir acompañada de solidaridad. Más de los mismo ya no sirve. Si el único argumento que queda para mantener la zona euro es el elevado coste de disolverla, tenemos un problema muy serio. Ángel Ubide es Senior Fellow del Peterson Institute for International Economics

martes, 5 de enero de 2016

Latin America economic outlook 2016

Latin American and Caribbean Macro: Secular Stagflation or (Just) a Painful Transition?


What’s going on in Latin American and Caribbean economies? Growth keeps falling, but unlike the rest of the world, inflation keeps going up (see Figure 1).  In this blog I outline two possible views. Policy choices—and what to expect in 2016 and beyond—may depend on the explanation.[1]
Fin ano 1
Some argue that advanced economies have entered a phase of secular stagnation (See Larry Summers’ latest blog). Demand has been so low that even zero policy interest rates and massive central bank liquidity injections have failed, so far, to bring growth back to previous levels. The story continues that a feed-back to lower productivity growth has cut estimates of potential growth. Central bankers in the North have considered deflation to be a serious risk and long to bring inflation levels back up to longer term objectives— around 2% in the case of the United States (see minutes of the Federal Reserve December meeting). In that  country only recently has the labor market started to tighten and inflation showed any signs of life, such that the Federal Reserve increased its short-term interest rate to just 0.25%. Figure 2 plots IMF forecasts for world growth, illustrating how medium-term growth expectations (estimates of potential growth) have slumped.
Blog fin ano 2
No wonder that Latin America and the Caribbean, a region open to trade and affected by the world, has been suffering from falling growth prospects. But in contrast, inflation has been relatively high and rising, and in virtually every country with an inflation targeting regime, has been at or even exceeded the higher edge of the relevant target band. Central bankers across the region have been raising policy rates in order to keep inflation and inflation expectations in check (see Figure 3).
Blog fin ano 3One explanation is a form of secular stagnation but with an additional, external constraint. Stagnation in the North plus a weakening China have caused commodity prices to tumble but unlike advanced economies, many Latin American and Caribbean countries are net commodity exporters. Preventing a large increase in net external liabilities (i.e. more external debt) requires an adjustment in the current account and hence a large real depreciation. In economies with flexible exchange rates, this can be achieved by a depreciation of the nominal exchange rate. But a good proportion of the consumption basket is tradeable, the prices of those goods in domestic currency then rise. And there has been some “pass through” to other prices, boosting inflation and reducing the effective real depreciation. If demand from the North (and China) continues to stagnate and commodity prices continue to weaken, secular stagflation may be with us for some time to come.
A second explanation is more optimistic: the region is in a costly transition. During the commodity boom, those export sectors expanded and higher income allowed the non-tradeable sector, particularly construction, to flourish. As per the logic of Dutch Disease there was a real appreciation and the non-commodity tradeable sector (e.g. manufacturing) suffered— at least in relative terms. Now, a sharp fall in the terms of trade is provoking a reverse transition. The region is poorer, has less to spend on non-tradeables and to avoid a “build up” of external debt, imports are being compressed and non-commodity exports have to grow; a large depreciation is required. But exporting firms cannot expand immediately; finding new markets and hiring new workers takes time. The traditional Dutch Disease adjustment then comes with a substantial increase in unemployment, although Latin America’s large informal sector may provide at least a partial buffer to dampen that malaise. This transition may continue until non-commodity exports can take the place of net commodity earnings forgone.
Turning to policies, if secular stagflation is the explanation the cure is in policies that help stimulate demand and increase productivity. The region responded to the global financial crisis by boosting inflexible fiscal transfers, worsening cyclical fiscal positions and if anything eroding productivity (seeThe Labyrinth: How can Latin America and the Caribbean Navigate the Global Economy). Now, many countries are being forced to adjust in a pro-cyclical fashion and are cutting more flexible capital spending. But to cure secular stagflation, spending on infrastructure may be precisely the best medicine— boosting demand and enhancing productivity. Governments should find ways to finance more growth-enhancing infrastructure that actually expands fiscal space. As this process may take many years, it will also be important to keep inflation expectations in check.
On the other hand, if we are (just) in a costly transition, boosting non-commodity exports will be the key. There is much to be done in helping start-ups and existing firms to expand and ensuring that the opportunities afforded by more competitive exchange rates are realized. Monetary policy (that tends to target a broad consumer price index) must be closely coordinated with government policies to stimulate exports that may depend on more specific costs.  Assuming overall consumer inflation expectations play ball, a somewhat looser monetary policy and a more competitive nominal exchange rate favoring new exports during this transition may be appropriate.
But which perspective is correct?  In short, it’s hard to know and it may well be some of both. A good guide to policy in such circumstances is to choose actions that would not make things worse— especially if the preferred interpretation proves to be incorrect. Central banks should worry about inflation and ensure inflation expectations are relatively close to targets in the medium term. This helps maintain the inflation target as a nominal anchor such that the exchange rate can float with nominal devaluations translating into real ones.  And governments should ensure medium-term fiscal sustainability. Still, within that general rule, there should be two over-riding objectives. First, maintain or increase infrastructure spending that boosts growth and second assist the non-commodity tradeable sector (such as manufactured goods) as much as possible.
What should we expect for 2016? The region is set for relatively low growth, and low commodity prices are likely here to stay for a while – see Commodity booms and busts: evidence from 1900 to 2015. Regional differences will also become evident. Central America and the Caribbean growth may pick up faster if oil prices remain low and as the United States recovers. Higher US growth will favor Mexico but lower oil prices will force a fiscal adjustment that dampens activity. South America is the area most in danger of either secular stagflation and/or a costly transition. Most countries will focus on fiscal adjustment and relatively tight money to moderate inflation expectations. But the type of fiscal policies will be critical. Public spending must be made as efficient as possible and public investment projects must be carefully selected and executed. Government transfers to assist vulnerable groups should be better targeted; leakage to middle and upper income households should be minimized. And there are also significant risks. In some countries low growth and higher fiscal deficits imply increasing debt ratios. If financing dries up, large current account deficits are potentially very dangerous. Large dollar private sector debts and the links between the non-financial and financial sector should be closely monitored. The global economy remains in troubled waters and how governments in the region react in 2016 may well determine if recent social gains will be preserved or if the specter of economic crisis will once again lead to higher poverty and inequality.
________________
[1] This blog is based on a presentation entitled Macroeconomic Perspectives for Latin America and the Caribbean given at an invited session on the at the LACEA conference in Santa Cruz, Bolivia October 15th-17th.  Views are strictly my own. The presentation is available here.

Perspectivas economicas America Latina 2016



Macro de América Latina y el Caribe: ¿Estanflación secular o (solamente) una transición dolorosa?



¿Qué está aconteciendo en las economías de América Latina y el Caribe? El crecimiento sigue cayendo pero, a diferencia del resto del mundo, la inflación sigue subiendo (ver Gráfico 1). En este blog, describo dos posibles puntos de vista. Las opciones de política  –así como lo que deberíamos esperar para 2016 en adelante– pueden depender de la explicación.[1]
graficofindeesp

Algunos sostienen que las economías avanzadas han entrado a una fase de estancación secular (Ver el blog más reciente de Larry Summers). La demanda ha sido tan baja que incluso las tasas de interés de política monetaria cero y la inyecciones masivas de liquidez por parte de los bancos centrales han fallado, hasta el momento, en llevar al crecimiento a niveles previos. La historia continúa con que una retroalimentación a un crecimiento de la productividad menor ha recortado los estimados de crecimiento potencial. Las autoridades monetarias del Norte han considerado a la deflación como un riesgo grave y aspiran a hacer volver los niveles de inflación a los objetivos de más largo plazo – alrededor de 2% en el caso de Estados Unidos (ver minutas de la reunión de diciembre de la Reserva Federal). En dicho país, solo recientemente el mercado de trabajo ha comenzado a ajustarse y la inflación a mostrar algún signo de vida, tal que la Reserva Federal aumentó su tasa de interés de corto plazo a solo 0,25%. El Gráfico 2 muestra las previsiones del FMI para el crecimiento mundial, ilustrando cómo las expectativas de crecimiento de mediano plazo (estimados de crecimiento potencial) se han desplomado.
Grafico 2 esp andy 16
No resulta sorprendente que América Latina y el Caribe, una región abierta al comercio e influenciada por el mundo, haya estado sufriendo de perspectivas de crecimiento a la baja. Pero, en contraste, la inflación ha estado relativamente alta y subiendo, y prácticamente cada país con régimen de inflación objetivo ha estado en –o incluso excedido–  el límite más alto de la banda objetivo relevante. Los bancos centrales a lo largo de la región han estado elevando las tasas de política monetaria para mantener la inflación y las expectativas de inflación bajo control (ver Gráfico 3).
findeesp3
Una explicación puede estar dada por una forma de estancación secular pero con una restricción externa adicional. El estancamiento en el Norte más el debilitamiento de China han causado una caída de los precios de las materias primas. Sin embargo, a diferencia de las economías avanzadas, muchos países de América Latina y el Caribe son exportadores netos de materias primas. Prevenir un gran incremento de los pasivos externos netos (por ejemplo, más deuda externa) requiere un ajuste en la cuenta corriente y, por lo tanto, una depreciación real considerable. En economías con tipo de cambio flexible, esto puede ser logrado a través de una depreciación del tipo de cambio nominal. Sin embargo, una buena parte de la canasta de consumo es transable, y su precio en moneda doméstica entonces aumenta. Además, ha habido algo de transmisión a otros precios (o “pass-through”), estimulando la inflación y reduciendo la depreciación real efectiva. Si la demanda del Norte (y China) continúa estancándose y los precios de las materias primas debilitándose, la estancación secular puede permanecer por bastante tiempo.
Una segunda explicación es más optimista: la región se encuentra en una transición costosa. Durante el auge de las materias primas, esos sectores de exportación se expandieron y los mayores ingresos permitieron que los sectores no transables –particularmente la construcción–  florecieran. De acuerdo a la lógica de la Enfermedad Holandesa, hubo una apreciación real y el sector transable distinto a materias primas (por ejemplo, la manufactura) sufrió, por lo menos en términos relativos. Ahora, una caída aguda en los términos de intercambio está provocando una transición en sentido contrario. La región es más pobre, tiene menos que gastar en no-transables y, para evitar una acumulación de deuda externa, las importaciones están siendo reducidas y las exportaciones de productos distintos a materias primas tienen que crecer; una depreciación considerable es requerida. Sin embargo, las empresas exportadoras no pueden expandirse de inmediato; encontrar nuevos mercados y contratar nuevos empleados lleva tiempo. El ajuste tradicional de la Enfermedad Holandesa viene entonces con un incremento sustancial del desempleo, a pesar de que el gran sector informal de América Latina puede amortiguar, al menos parcialmente, esa dolencia. Esta transición puede continuar hasta que las exportaciones distintas a materias primas puedan tomar el lugar de los ingresos netos de materias primas que se perdieron.
Con respecto a las políticas, si la estancación secular es la explicación, la cura está en políticas que ayuden a estimular la demanda y a incrementar la productividad. La región respondió a la crisis financiera global promoviendo transferencias fiscales inflexibles, empeorando las posiciones fiscales cíclicas y, en todo caso,  erosionando la productividad (ver El Laberinto: Cómo América Latina y el Caribe puede navegar la economía global). Ahora, muchos países están siendo forzados a ajustarse de manera pro-cíclica y están cortando más gasto de capital flexible. Sin embargo, para curar la estancación secular, el gasto en infraestructura puede ser, precisamente, la mejor medicina –estimulando la demanda y mejorando la productividad. Los gobiernos deberían encontrar maneras de financiar más infraestructura que aumente el crecimiento y que, de hecho, expanda el espacio fiscal. Dado que este proceso puede tomar muchos años, también será importante mantener las expectativas de inflación bajo control.
Por otro lado, si (simplemente) nos encontramos en una costosa transición, promover exportaciones distintas a materias primas puede ser la clave. Hay mucho por hacer en cuanto a ayudar a la expansión de empresas nuevas y existentes y en cuanto a asegurar que las oportunidades permitidas por los tipos de cambio más competitivos se materialicen. La política monetaria (que tiende a apuntar a un amplio índice de precios al consumidor) debería ser coordinada con políticas de gobierno que estimulen las exportaciones que puedan depender de costos más específicos. Asumiendo que las expectativas generales de inflación del consumidor cooperen, una política monetaria algo más expansiva y un tipo de cambio nominal aún más competitivo que favorezca nuevas exportaciones durante esta transición pueden ser apropiados.
¿Pero cuál perspectiva es la correcta? En resumen, es difícil saber y bien podría ser algo de ambas. Una buena guía para políticas en tales circunstancias es escoger acciones que no empeoren las cosas –especialmente si se demuestra que la interpretación preferida no es la correcta. Los bancos centrales deberían preocuparse por la inflación y asegurarse de que las expectativas de inflación estén relativamente cerca de las metas en el mediano plazo. Esto ayuda a mantener la meta de inflación como un ancla nominal, tal que el tipo de cambio puede flotar con devaluaciones nominales traduciéndose en devaluaciones reales. Además, los gobiernos deberían asegurar la sostenibilidad fiscal de mediano plazo. Aun así, dentro de esa regla general, debería haber dos objetivos primordiales. Primero, mantener o aumentar el gasto en infraestructura que impulse el crecimiento, y segundo, apoyar al sector transable distinto a materias primas (como, por ejemplo, bienes manufacturados) tanto como sea posible.
¿Qué deberíamos esperar para 2016? Se prevé un crecimiento relativamente bajo para la región, y los precios de las materias primas, probablemente, están aquí para quedarse por un tiempo – ver “Commodity booms and busts: evidence from 1900 to 2015”. Las diferencias regionales también se harán evidentes. El crecimiento de América Central y el Caribe puede subir más rápido si los precios del petróleo permanecen bajos y mientras Estados Unidos se recupere. Un mayor crecimiento de Estados Unidos favorecerá a México, pero los precios más bajos del petróleo forzarán un ajuste fiscal que reducirá la actividad. América del Sur es el área que está en mayor peligro tanto de la estancación secular como de la transición costosa. La mayoría de los países se enfocará en ajustes fiscales y política monetaria relativamente restrictiva para moderar las expectativas de inflación. Pero el tipo de políticas fiscales será crítico. El gasto público debe hacerse tan eficientemente como sea posible y los proyectos de inversión pública deben ser cuidadosamente seleccionados y ejecutados. Las transferencias del gobierno para asistir a los grupos vulnerables deben ser mejor enfocadas minimizando subsidios a hogares de ingreso medio y más alto. Y también hay riesgos significativos. En algunos países, el bajo crecimiento y los déficits fiscales mayores implican ratios de deuda crecientes. Si el financiamiento se agota, grandes déficits de cuenta corriente son potencialmente muy peligrosos. Deudas elevadas del sector privado en dólares  y los vínculos entre el sector no financiero y el financiero deberían ser vigilados de cerca. La economía global permanece en aguas turbulentas y la forma como los gobiernos de la región reaccionen en 2016 podría determinar si bien las ganancias sociales recientes serán preservadas o, por el contrario, si la amenaza de crisis económicas llevará una vez más a mayor pobreza y desigualdad.
_______________
[1] Este blog está basado en una presentación titulada “Perspectivas macroeconómicas para América Latina y el Caribe”, ofrecida en una sesión invitada de la Conferencia LACEA, que tuvo lugar en Santa Cruz, Bolivia, del 15 al 17 de octubre. Los puntos de vista son estrictamente personales. La presentación está disponible aquí.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Slave labour: are you benefiting from?

Profits from slave labour


082914slavery2


You might think of slavery as a barbaric system from a bygone era. The deep and damaging scars are still visible, but thanks to the work of abolitionists such as William Wilberforce, Harriet Beecher Stowe and Frederick Douglass, the practice itself has been wiped out.
But you’d be wrong. Today, nearly 21 million people are victims of forced labour. And there’s a good chance you’re benefitting from it.
Two recent investigations have uncovered the true extent of slavery in Thailand’s fishing and poultry industry, and many of the suppliers export to North America and Europe.
Reporters from the Associated Press found adults and children working in slave-like conditions, for little or no pay, peeling shrimp that ended up in well-known American supermarkets and restaurants: “AP reporters went to supermarkets in all 50 states and found shrimp products from supply chains tainted with forced labour.”
Just a few weeks ago, a Thomson Reuters Foundation investigation revealed migrants working in Thai poultry factories faced “widespread abuse” at the hands of their employers. Victims reported having their passports withheld and being forced to pay excessive recruitment fees. “Lots of these testimonies are indicators of trafficking for labour exploitation,” the investigators reported.
There’s big money being made in the industry of exploitation: $150 billion a year,according to ILO estimates, making it a more lucrative business than Apple. A large part of that – $51.8 billion – is generated in the Asia-Pacific region, home to 56% of victims of modern slavery.
The size of the profits and the scale of the problem – three out of every 1,000 people around the world are victims of forced labour – leave many producers unsure how to tackle it. Increasingly complex supply chains make it even more challenging, says Wolfgang Lehmacher, Head of Supply Chain and Transport Industries at the World Economic Forum: “Production chains are more complex than ever before, so it’s difficult for businesses to have complete oversight. But unless companies can understand what is going on at each step, they run the risk of damaging their reputation and losing customer trust and brand value.”
Those businesses that manage to eradicate slavery from their supply chains stand to gain a huge competitive advantage. As much as customers like a bargain, according to research from Walk Free, the majority of people would be willing to pay more for an ethically-sourced product and would ditch a brand if they found slavery was part of their supply chain.
Perhaps companies affected by these latest scandals should take a leaf out of Nike’s book. After being targeted by activists in the 1990s, the apparel company set about rectifying many of the problems in its supply chains and now operates with “an openness and transparency that would have been unthinkable 20 years ago”, according to the Guardian. The move has paid off: once again this year, the company topped the Forbes list of most valuable sports brands in the world.

The end of fossil fuel era?

LONDON – Now that oil prices have settled into a long-term range of $30-50 per barrel (as described here a year ago), energy users everywhere are enjoying an annual income boost worth more than $2 trillion. The net result will almost certainly accelerate global growth, because the beneficiaries of this enormous income redistribution are mostly lower- and middle-income households that spend all they earn.
Of course, there will be some big losers – mainly governments in oil-producing countries, which will run down reserves and borrow in financial markets for as long as possible, rather than cut public spending. That, after all, is politicians’ preferred approach, especially when they are fighting wars, defying geopolitical pressures, or confronting popular revolts.

Just one condition must be met. The managements of leading energy companies must face economic reality and abandon their wasteful obsession with finding new oil. The 75 biggest oil companies are still investing more than $650 billion annually to find and extract fossil fuels in ever more challenging environments. This has been one of the greatest misallocations of capital in history – economically feasible only because of artificial monopoly prices.But not all producers will lose equally. One group really is cutting back sharply: Western oil companies, which have announced investment reductions worth about $200 billion this year. That has contributed to the weakness of stock markets worldwide; yet, paradoxically, oil companies’ shareholders could end up benefiting handsomely from the new era of cheap oil.
But the monopoly has fallen on hard times. Assuming that a combination of shale development, environmental pressure, and advances in clean energy keep the OPEC cartel paralyzed, oil will now trade like any other commodity in a normal competitive market, as it did from 1986 to 2005. As investors appreciate this new reality, they will focus on a basic principle of economics: “marginal cost pricing.”
In a normal competitive market, prices will be set by the cost of producing an extra barrel from the cheapest oilfields with spare capacity. This means that all the reserves in Saudi Arabia, Iran, Iraq, Russia, and Central Asia would have to be fully developed and exhausted before anyone even bothered exploring under the Arctic ice cap or deep in the Gulf of Mexico or hundreds of miles off the Brazilian coast.
Of course, the real world is never as simple as an economics textbook. Geopolitical tensions, transport costs, and infrastructure bottlenecks mean that oil-consuming countries are willing to pay a premium for energy security, including the accumulation of strategic supplies on their own territory.
Nonetheless, with OPEC on the ropes, the broad principle applies: ExxonMobil, Shell, and BP can no longer hope to compete with Saudi, Iranian, or Russian companies, which now have exclusive access to reserves that can be extracted with nothing more sophisticated than nineteenth-century “nodding donkeys.” Iran, for example, claims to produce oil for only $1 a barrel. Its readily accessible reserves – second only in the Middle East to Saudi Arabia’s –will be rapidly developed once international economic sanctions are lifted.
For Western oil companies,the rational strategy will be to stop oil exploration and seek profits by providing equipment, geological knowhow, and new technologies such as hydraulic fracturing (“fracking”) to oil-producing countries. But their ultimate goal should be to sell their existing oil reserves as quickly as possible and distribute the resulting tsunami of cash to their shareholders until all of their low-cost oilfields run dry.
That is precisely the strategy of self-liquidation that tobacco companies used, to the benefit of their shareholders. If oil managements refuse to put themselves out of business in the same way, activist shareholders or corporate raiders could do it for them. If a consortium of private-equity investors raised the $118 billion needed to buy BP at its current share price, it could immediately start to liquidate 10.5 billion barrels of proven reserves worth over $360 billion, even at today’s “depressed” price of $36 a barrel.
There are two reasons why this has not happened – yet. Oil company managements still believe, with quasi-religious fervor, in perpetually rising demand and prices. So they prefer to waste money seeking new reserves instead of maximizing shareholders’ cash payouts. And they contemptuously dismiss the only other plausible strategy: an investment shift from oil exploration to new energy technologies that will eventually replace fossil fuels.
Redirecting just half the $50 billion that oil companies are likely to spend this year on exploring for new reserves would more than double the $10 billion for clean-energy research announced this month by 20 governments at the Paris climate-change conference. The financial returns from such investment would almost certainly be far higher than from oil exploration. Yet, as one BP director replied when I asked why his company continued to risk deep-water drilling, instead of investing in alternative energy: “We are a drilling business, and that is our expertise. Why should we spend our time and money competing in new technology with General Electric or Toshiba?”
As long as OPEC’s output restrictions and expansion of cheap Middle Eastern oilfields sheltered Western oil companies from marginal-cost pricing, such complacency was understandable. But the Saudis and other OPEC governments now seem to recognize that output restrictions merely cede market share to American frackers and other higher-cost producers, while environmental pressures and advances in clean energy transform much of their oil into a worthless “stranded asset” that can never be used or sold.
Mark Carney, Governor of the Bank of England, has warned that the stranded-asset problem could threaten global financial stability if the “carbon budgets” implied by global and regional climate deals render worthless fossil-fuel reserves that oil companies’ balance sheets currently value at trillions of dollars. This environmental pressure is now interacting with technological progress, reducing prices for solar energy to near-parity with fossil fuels.
As technology continues to improve and environmental restrictions tighten, it seems inevitable that much of the world’s proven oil reserves will be left where they are, like most of the world’s coal. Sheikh Zaki Yamani, the longtime Saudi oil minister, knew this back in the 1980s. “The Stone Age did not end,” he warned his compatriots, “because the cavemen ran out of stone.”
OPEC seems finally to have absorbed this message and realized that the Oil Age is ending. Western oil companies need to wake up to the same reality, stop exploring, and either innovate or liquidate.